Empezó con Elvis y Ella Fitzgerald, pero en su primer disco se abría a Queen y George Michael. Bublé encarna la imagen del «crooner » moderno.

Y funciona.

La edad de oro de la canción popular norteamericana ha generado pingües beneficios a jóvenes emergentes y a viejas leyendas de la música pop. A un lado está Rod Stewart, que ha conseguido relanzar su carrera echando mano del repertorio de George Gershwin y Cole Porter.

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Ha hecho cuatro álbumes, y ninguno ha pinchado, a partir de las viejas canciones de los 30 y 40. En frente, el imparable Michael Bublé (su web aconseja pronunciar Boo-blay), de 29 años, nacido en Canadá, un tipo que tiene la virtud de caer bien a todo el mundo cuando se sube a un escenario con la corbata ligeramente desencajada (eso cuando no lleva vaqueros), un movimiento dislocado de piernas y una voz elegante y bien modulada.

Es la puesta a punto de la imagen del viejo «crooner » que reflota mirando a personajes como Sinatra, Dean Martin y Sammy Davis Jr., el trío calavera del Rat Pack, eso sí, con un perfil mucho más correcto y complaciente si se habla de Bublé, quien asume que para redondear su carrera debe pasar por Las Vegas para actuar. Y eso es precisamente lo que hará el próximo día de San Valentín.

La culpa fue del abuelo

Bublé fue un chico listo y bien educado en los grandes del jazz (Ella Fitzgerald, Sarah Vaughan, Rosemary Clooney) por indicación de su abuelo, un fontanero que hacía chapucillas gratis a los músicos de la ciudad a cambio de que dejaran subir a su nieto sobre el escenario. Así que su carrera comenzó a la edad en que sale el acné.

Ganó en Vancouver un premio para jóvenes talentos; grabó varios álbumes en pequeñas compañías y así hasta que, tras muchos años tratando de meter un pie en la industria musical, se encontró de narices con la suerte. La suerte se llamaba Brian Mulroney, y era entonces el primer ministro de Canadá. Tras la boda de su hija, en la que había actuado nuestro Bublé, el mandatario le presentó al productor David Foster, un pez gordo de la música por el que han pasado chicas de éxito como Whitney Houston, Céline Dion o Madonna. <br> Pero la cosa no fue tan fácil.

Bublé ha contado cómo el mismo Foster echó por tierra sus expectativas: «Me dijo que yo era bueno, pero que resultaba muy difícil dar salida al tipo de música que yo hacía ». Al poco salió a escena la guapa de Norah Jones destapando el tarro de las esencias del jazz campestre y el gusto por las viejas melodías. A partir de entonces, Bublé encarriló su trayectoria hasta lanzar un disco producido por Paul Anka (de quien ha hecho una versión de «Put your head on my shoulder »), Humberto Gatica y el propio Foster. En su debut de título homónimo había pocas canciones propias; la mayoría eran versiones de «Fever » o «For once in my life », «Moondance », de Van Morrison, «Kissing a Fool », de George Michael; «How can you mend a broken heart », de Bee Gees, y «Crazy little thing called love », de Queen, adaptadas al «swing » y cantadas con un fraseo propio de «gentleman ».

En su segundo disco, «It- s time » (2005), revivía canciones de los Beatles, Gershwin, Ray Charles, Otis Redding, Stevie Wonder y Cole Porter, entre otros. Esta semana acaba de ponerse a la venta «Caught in the act », un directo con DVD que apunta directamente al mercado navideño.