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María Bayo y Al Ayre Español abren el ciclo Grandes Voces del Real

La voz cálida y vigorosa de María Bayo ha llenado el Teatro Real en cinco producciones diferentes, «Manon », «Pélléas et Mélisande », «Giulio Cesare », «Il barbiere di Siviglia » y, esta temporada, «Don Giovanni ».

La soprano vuelve hoy al Real, pero esta vez lo hace sin escenografía, dentro del ciclo Grandes Voces, una serie de conciertos que se prolongará con otros nombres como Cecilia Bartoli, Juan Diego Flórez y Rolando Villazón.

MARIA BAYOElla será la encargada del primer recital, acompañada por el prestigioso conjunto Al Ayre Español, ganador del Premio Nacional de Música 2004. De hecho, el director del grupo, Eduardo López Banzo, no pudo asistir ayer al encuentro con la Prensa al estar en el Auditorio Nacional, donde a la misma hora, la ministra de Cultura hacía entrega de los galardones nacionales de Música, Teatro, Circo y Danza de 2004 y 2005.

Bayo y Al Ayre Español han rescatado del olvido tres arias de José de Nebra (1702-1768) pertenecientes a «Vendado es amor, no es ciego » y a «Iphigenia en Tracia », acompañadas por piezas de Boccherini y H ¤ndel. Juntos acaban de grabar un CD con el mismo programa que se escuchará hoy en el Real. «Tenía ganas de hacer una incursión en la obra de Nebra porque hace ya tres años, este compositor me había sorprendido.

No se ha hecho suficiente hincapié en España para sacar a la luz esta música », comentó Bayo, para quien «en España llevamos un poco de retraso en desempolvar a compositores como Nebra », y afirma que «hace falta el apoyo de las instituciones y de los teatros para que proyectos como éste salgan adelante

Black Eyed Peas, pirotecnia funk

A los Black Eyed Peas hay dos formas de tomárselos: o bien como el ejemplo más claro de la decadencia de la música negra actual o bien como la consecuencia inevitable de cómo funciona el mercado.

El hip hop, como el turrón, siempre ha tenido una versión dura – la rama Public Enemy- y otra blanda – la de, pongamos, De la Soul- .

Ambas son dignas y han dado grandes discos. Pero, para muchos aficionados, los últimos Black Eyed Peas escapan a ambas categorías para convertirse en algo parecido a lo que pasaba en el «Moros y Cristianos » de Berlanga: hacen turrón de Jijona sustituyendo las almendras por patata para ahorrar dinero y así tener más presupuesto libre (ya sea videoclips de lujo, modelones de diseño o campañas de promoción).

Les Black Eyed Peas en concert au VIP Room ParisDe su anterior disco, «Elephunk » (2003), vendieron la friolera de seis millones de copias en todo el planeta (100.000 de ellas en nuestro país, un disco de platino alcanzado gracias a la machacona complicidad de las radiofórmulas). Con su nuevo trabajo, «Monkey Business » (2005), el cuarteto de Los Ángeles sigue agarrado a la fórmula que les abrió las puertas del éxito: hip hop blandito, pirotecnia funk y estribillos poperos.

Como en las series de televisión de los ochenta, se recurre a un plantel de estrellas invitadas para mantener el interés del público. En este caso, el superventas Justin Timberlake, el padre del funk James Brown o el incombustible Sting.

También hay samplers de la delicada Astrud Gilberto, de los clásicos del funk Cameo o del mito de la guitarra surf Dick Dale. Para no perder credibilidad callejera, se ha incluido en la lista de colaboradores a un talentoso y duro mc de barrio – el ascendente Talib Kwelli- y a un semidios del hip hop – Q-Tip, de los mayúsculos A Tribe Called Quest, últimamente muy de moda.

La crítica se ha cebado con la última entrega de Black Eyed Peas, dedicándoles frases como «son al hip hop lo que No Doubt eran al ska » o «son tan blandos que hacen que Fugees parezcan raperos gangster tipo Niggers With Attitude ». El «New York Times » tampoco se mordió la lengua: «Suponemos que era inevitable que algún día surgiera un grupo así, que arrasara en las listas con una variante del hip hop tan energética como inofensiva. El problema es que no nos imaginábamos que el resultado tuviera que sonar tan decepcionante ».

Discurso agotado

A pesar de los millones de discos vendidos, hasta el propio grupo ve agotado su discurso y ha anunciado su separación. Tras este álbum y gira, echan el cierre para perseguir carreras en solitario. «Fergie tiene su disco en marcha, Apl tiene el suyo, con sabor filipino, mientras que yo tengo el mío, que será muy hispano. Hemos decidido dividirnos y demostrar al mundo a qué sonamos en solitario », declaró Taboo a «itv.com » el pasado abril.

El concierto de Madrid supone seguramente la última oportunidad de verles en directo antes de desvelar qué ofrece cada uno.

Andrés Calamaro regresa en su tinta

Sigue siendo un lujo.

El rock en castellano acusa los periodos de ausencia de Andrés Calamaro, un artista ecléctico, hipersensible, con un claro punto «freak », pero capaz de conectar con el gran público. No actuaba en nuestro pais desde las presentaciones de «Honestidad brutal » (1999), una gira histórica donde pegó el estirón creativo con canciones desgarradas, destempladas y febriles (por si fuera poco, él les injertaba fragmentos de clásicos de los Rolling Stones, Bob Marley o The Police, entre otros).

En 2005 ya no suena tan rock, sino más calmado, a ratos empapado de folk sudamericano, herencia de su último disco de estudio, «El cantante ».

 

images (13)A sus cuarenta y cuatro años, Calamaro hizo honor a su frase: «la música tiene que ser lo suficientemente heróico para detener el tiempo por un instante ». Él sin duda lo ha parado en varias ocasiones.

Cuando suenan sus mejores canciones tienes la sensación de que van a seguir escuchándose dentro de medio siglo. Transmite autoridad tras el parapeto de su teclado. Desde allí manejó con soltura a su banda de apoyo, los argentinos Bersuit, responsables de forzar su vuelta a los escenarios (aunque sin su cantante Gustavo Cordera).

El invitado especial, uno de los compiches habituales de Calamaro en los últimos años: el guitarrista Niño Josele.

Dos horas con Calamaro son dos horas de clásicos. Brilló con la descarnada «El salmón », con la dylaniana «Clonazepán y circo » o con la siempre desarmante «Crímenes perfectos ». También con sentida «El estadio azteca » o la agridulce «Media Verónica ».

Repóker de ases.
Dedicó una canción a Kike Turmix, rockero del barrio de Malasaña recientemente fallecido. <br> Y puso la guinda el abrasivo romaticismo de «Paloma ». Sigue siendo uno de los grandes, como dejó claro en insuperables interpretaciones de medios tiempos como «Loco », «Te quiero igual », «Okey perdón » o «Flaca ».

Canta para un estadio (y el Palacio de los Deportes había agotado todas las entradas), pero parece que te lo está diciendo todo al oído. Calamaro en su tinta.